CORO
En la bella Verona esto sucede:
dos casas ambas en nobleza iguales
con odio antiguo hacen discordia nueva.
La sangre tiñe sus civiles manos.
Por mala estrella, de estos enemigos
nacieron los amantes desdichados:
sólo su muerte aniquiló aquel odio
y puso término a la antigua cólera.
Nada sino la muerte de los hijos
pudo llevar los padres a la paz.
Dos horas durará en nuestro escenario
esta historia: escuchadla con paciencia,
suplirá nuestro esfuerzo lo que falte.
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PRÍNCIPE
¡Enemigos de la paz, rebeldes súbditos!
¡Con sangre ciudadana habéis manchado
las espadas! ¿No oís? Hombre no sois,
sino bestias cuyo encono
quiere apagar su fuego con la sangre
de vuestras propias venas.
Arrojad, bajo pena de tormento
de las manos sangrientas las espadas
y oíd a vuestro Príncipe que sufre.
Con riñas, hijas de palabras vanas,
tú, viejo Capuleto, tú, Montesco,
tres veces habéis roto la quietud
de nuestras calles y habéis incitado
a los viejos vecinos de Verona
a arrojar sus severos paramentos
poniendo en viejas manos armas viejas;
aquellas que la paz había oxidado
ahora las oxida el odio vuestro.
Si otra vez nuestras calles perturbáis
pagaréis con la vida el desacato.
Por ahora, esto basta. Idos todos.
Tú, Capuleto, seguirás conmigo.
Montesco, por la tarde ven a verme
a la Audiencia común de Villafranca
y sabrás mi sentencia en este caso.
Bajo pena de muerte, una vez más
repito: Nadie más en este sitio.
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BENVOLIO
Ay, ¿por qué el amor que parece tan dulce
cuando se prueba, es áspero y tirano?.
ROMEO
¿Cómo el amor con la vida vendada
puede ver el camino que nos lleva?
¿Hoy, dónde comeremos? ¡Ah! ¿una gresca
hubo aquí? No respondas. Lo comprendo.
Hay que hacer mucho por el odio aquí
y hay mucho más que hacer por el amor.
¿Por qué el amor que riñe? ¿El odio que ama?
¡Y de la nada todo fue creado!
¡Vanidad seria! ¡Levedad pesada!
¡Informe casos de agradables formas!
¡Pluma de plomo! ¡Humo que ilumina!
¡Salud enferma! ¡Fuego congelado!
¡Sueño de ojos abiertos, que no existe!
Este amor siento y no hay amor en esto.
¿Y tú, no ríes?
BENVOLIO
No, primo, más bien lloro.
ROMEO
¿Por qué, buen corazón?
BENVOLIO
Por tu buen corazón atormentado.
ROMEO
Así el amor quebranta nuestras vidas.
Siento el pecho pesado con mis penas.
¿Tú quieres aumentarlas con las tuyas?
Mi dolor es tan grande que tu afecto
me hace daño. El amor es una nube
hecha por el vapor de los suspiros.
Si se evapora brilla como el fuego
en los ojos que aman, si se ataca
hacen un mar de lágrimas de amor.
¿Qué más es el amor? Una locura
benigna, una amargura sofocante,
una dulzura que te da consuelo.
¡Adiós, mi primo! (Yéndose).
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AMA
Apostaría
catorce de mis dientes, aunque sólo
me van quedando cuatro, a que no cumple
aún los catorce. ¿Cuándo cae San Pedro?
SEÑORA
Dentro de una quincena.
AMA
Pues, pares o nones, entre todos los días de este año
en esa víspera tendrá catorce.
Tendrían una edad con mi Susana
(y que en su santo reino Dios la guarde).
Bueno, Susana está con Dios ahora.
Yo no la merecía. Como dije
cumplirá catorce años en la víspera
de San Pedro, ¡Lo tengo en la memoria!
Hace once años ya del terremoto
cuando fue destetada. No me olvido
entre todos los días de aquel día
Me había puesto ajenjo en los pezones,
sentada al sol, al pie del palomar.
Usted y mi señor por Mantua andaban.
¡Caramba, qué memoria! Les decía
que apenas la tontuela en el pezón
encontró el gusto amargo del ajenjo
se enojó mucho y manoteó la teta.
En ese instante crujió el palomar,
sin darme cuenta me largué a correr.
Once años hacen desde aquellos tiempos
y ya solita se tenía en pie.
¿Qué estoy diciendo, ¡por la Santa Cruz!,
si ya corría y pataleaba entonces?
Ahora recuerdo que el día anterior
se dio un porrazo y se rompió la frente
y mi marido (Dios lo tenga en su gloria)
la alzó del suelo (¡qué hombre tan alegre!)
diciéndole: «Caíste ahora de bruces,
más adelante caerás de espaldas».
¡Verdad, Julieta! Y juro por la Virgen
que dejó de llorar mi linda pícara
y contestó que «Sí». Vamos a ver
si aquella broma va a resultar cierta.
Aunque viva mil años yo les digo
que no lo olvidaré «¿Verdad, Julieta?»
dijo él y la locuela dijo «Sí».
SEÑORA
Ya es bastante, te ruego que te calles.